“Celebro y acaricio la verdad cualquiera que sea la mano que la detente, y a ella me entrego alegremente y le tiendo mis armas vencidas, en cuanto la veo acercarse a lo lejos. Y con tal de que no procedan con ceño demasiado imperioso y sentencioso, acepto las críticas que hacen a mis escritos” Así decía Michel de Montaigne (1533-1592) al referirse a las posibles críticas a sus ensayos. Ese género, nacido en pleno Renacimento, cuya paternidad atribuida al filósofo francés, ha tenido en nuestra época su mayor apogeo. Difícil de definir, pero fiel a su tradición, conviene recordar que en el ensayo la actividad intelectual no corre al margen del conocimiento de sí mismo, ni de la propia subjetividad. Las pautas y preguntas que en seguida se proponen esperan ser solo una guía para reflexionar sobre sí mismo a través de la indagación intelectual de un tema que supone el acto de escritura. Despojar al ensayo del rigor de la subjetividad supone convertirlo en una fórmula, un mero conjunto de procedimientos.
- Definir y especificar el tema: ¿El tema es lo suficientemente específico para ser abordado en el ensayo?
- Objetivo: ¿Qué objetivo(s) pretendo alcanzar con el ensayo?
- Situación problemática relativa al tema: ¿cuál es la pregunta o situación conflictiva que voy a abordar? La misma debe contener las palabras claves a desarrollar. ¿Por qué constituye un problema?
- Contextualización del tema: ¿qué supuestos o ideas voy a dar por sentado? ¿Qué hechos, ideas, situaciones o problemas son necesarios para que el lector comprenda el problema que voy a desarrollar?
- Tesis: ¿cuál es la tesis que, según mi punto de vista o del autor(es) estudiado(s), aparece como respuesta o solución al problema planteado?
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2 comentarios:
buena!!
buenisima!
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